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25 de febrero de 2017
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Historia de la ciudad

Su denso relieve ha convertido a La Alpujarra, a lo largo de la historia, en una fortaleza natural de resistencia ante cualquier imposición exterior, a pesar de lo cual los avatares históricos han sido numerosos e intensos pero las influencias externas sólo se han dejado sentir de una forma muy lenta.

Prehistoria: Los restos humanos más antiguos que se han encontrado pertenecen al neolítico, importantes culturas como la de Los Millares y el Argar (edad de Bronce), y el Garcel hacen suponer, según diversos autores, que pudieran penetrar en algunas zonas de la comarca. 

Edad Antigua: Cuando griegos, fenicios y cartagineses recorrían el Mediterráneo, también conocieron la costa alpujarreña. Los fenicios fundaron la colonia de Abdera (Adra) que fue el puerto por excelencia de la Alpujarra, pero al parecer no pasarían de la costa, quedando la zona central de la comarca fuera de su influencia directa. La presencia de los romanos y griegos queda atestiguada por múltiples topónimos como Ulissea (Ugíjar, puede ser griego o híbrido), Polopos (de populum: álamo) o Laroles del término latino Laurus: los laureles, los sufijos "ena", como Picena (lugar de Picius), Mairena (lugar de Marius), Lucainena (lugar de Lucius). Así mismo también se sabe la existencia de un caudillo de la zona llamado Colca, que ayudaría a los romanos en su luvha contra los cartaginenses, después de los cual se colocó a la cabeza de los lugareños para luchar contra los romanos. Culminaría esta etapa, según la tradición, con la cristianización de la zona a la llegada al puerto de Abdera de los siete Varones Apostólicos en el siglo I o II, los cuales penetraría en el interior, quedando Tesifón en Castala (Berja). Luego, probablemente, algunos pasarían a través del Puerto de La Ragua, estableciendo Torcuato su sede episcopal en Guadix y Cecilio en Granada.

La Alpujarra Musulmana: Del periodo del dominio islámico proceden gran parte de los rasgos culturales que han configurado la comarca. Es la etapa de la que hay más constancia, debido a los datos documentales y arqueológicos existentes. 

Las disputas de la nobleza visigoda por ocupar el trono, propició la llegada de los musulmanes en el año 711 con el desembarco de Tariq y la victoria de Guadalete. Árabes y beréberes inician un periodo de islamización, durante el cual la mayoría abrazó las nuevas creencias, aunque son respetados los grupos de judíos y cristianos que continúan con sus antiguas creencias a cambio del pago de un tributo.

Al comienzo de la invasión musulmana de la península ya aparecen las primeras referencias concretas de La Alpujarra. Parece ser que sirvió de refugio a la población hispanorromana para luchar contra los invasores. Hubo revueltas por distintos intereses entre estado y mundo rural. Pero una campaña que llegó por Jaén y Granada en el 913, entrando por fin en La Alpujarra donde asedió y tomó el castillo de Juviles. Durante los siglos siguientes La Alpujarra es un foco permanente de tensión, pues sus habitantes estaban prestos a empuñar las armas en defensa de su independencia ya que no toleraban fácilmente agravios externos.

El reino nazarí perdura desde que Ibn Alhamar se apodera de Granada en el año 1238 hasta que los Reyes Católicos entran en esta ciudad en el 1492. 

Los hispanomusulmanes perfeccionaron los sistemas de cultivo y regadío que indudablemente habría, procedentes de iberos y romanos. Construyeron bancales y paratas por medio de balates de piedra que hacen posible cultivar unas tierras tan escabrosas; ampliaron la red de acequias, muchas de las cuales se han conservado hasta la actualidad, e implantaron avanzados sistemas de cultivos con una agricultura intensiva y minifundista, gran abundancia de árboles frutales y una importante explotación de la seda que fue el principal producto de La Alpujarra.

Nuevos Pobladores: tras la expulsión de los moriscos, un territorio considerable había quedado despoblado desperdiciándose gran cantidad de recursos, pues estaban abandonadas una agricultura y una industria florecientes. La comarca se repobló con gentes venidas de muy diversos lugares. La Alpujarra había quedado desolada por la guerra y estaba ocupada por un ejército de aluvión y la persistencia en las sierras de moriscos y desertores, reliquias de todas las guerras. A la marcha de los moriscos habían quedado más de cuatrocientos lugares abandonados, pero se consiguieron repoblar 258 pueblos, quedando el resto perdido para siempre. Llegaron 12.542 familias de las cuales se quedaron en Picena 42, en Mairena 44 y en Laroles 77. A los pobladores se les ofreció el reparto de las haciendas, que eran de tres tamaños distintos, en suerte de feudo franco sin ningún tipo de vasallaje y sólo tendrían que pagar los impuestos correspondientes.